martes, 27 de marzo de 2018

Color piel (EXISTE?) PARTE

(texto disponible también en Sitio  CERO)
http://sitiocero.net/2018/01/el-color-piel-protocolo-para-la-superacion-de-lo-terrestre/

En el taller de pintura la profesora preguntó ¿Saben hacer el color piel? La pregunta me dejó confusa. ¿Color piel? ¿Existe un color piel?  En  el intento de dar respuesta a la pregunta, no sobre el saber hacer un color piel, sino en la duda que me produce la existencia del mismo, debo dejar  constancia de mi cercanía con los seres celestiales. Se les llama de esa manera pues habitan en el cielo. ¿Han oído mencionar el color celeste cielo?
Por lo demás, doy fe que en llamado cielo, se encuentran brillantes almas de todo tipo. En común tienen la bondad y la alegría. Muchos de los que llegan allí, como son tan buenos, solo siguen brillando en su bondad. Pero como todos los sistemas organizacionales, los procesos son perfectibles y en eso han estado trabajando. Sé que mejorarán los procesos de admisión, los  criterios de inclusión. También revisarán los cupos de equidad.
Lo anterior se produce porque no es lo mismo ser un alma buena en medio de la guerrilla y la barbarie de algunos países africanos, que un alma buena que vivió siempre en Europa.  No es lo mismo. No es lo mismo un alma buena, que acaba de pedir perdón a los ochenta años terrestres que un alma buena de veinticinco. Tampoco es lo mismo un alma buena producida en un cuerpo negro. Se ha tomado nota de las diferencias  que se producen en la percepción distorsionada de los creados, los humanos,  respecto del color  que le corresponde vivir a cada ser. Unos se miran a otros en forma distinta.
Sobre los colores, lo que sé es que en verdad fue una inspiración del Jefe. A  último momento se entretuvo distribuyendo  el arcoíris en el universo y como en definitiva, él es un artista maestro. Su último movimiento fue casi como poner su firma sobre la tela,  y lanzó una pincelada sobre lo máximo creado. La especie humana sobre la tierra.
No tienen idea de lo que le pesa, a veces, ese arranque de grandeza y de creatividad. ¿Qué hubiese sucedido si todas las cubiertas fuesen iguales? Nunca él imaginó que los humanos iban a entretenerse tanto y a someter unos a otros, solo por su color. Nunca pensó que el color de la piel abriría o cerraría puertas.
(Observación) El cielo está lleno de almas buenas, ángeles, serafines, querubines y ninguno es blanco. En verdad ese no es un color. Al cielo llegan transformados en su color favorito. Y se han visto almas tan buenas, tan buenas que destellan todos los colores del arcoíris. Todos. Eso es maravilloso. Hubo una época en que se dividían entre azules y rosa. Con los años comenzaron a llegar algunas almas que tenían más tendencia a la combinación de estos tonos, entre rosa y azul y hoy en verdad, la gran mayoría está en esa gama. Malvas, obispo, magenta, lila, morado. En fin, los arreboles, el atardecer, las primeras horas de la madrugada, toda esa belleza de la creación terrestre, se puede ver reflejada en muchas de las almas. Son hermosos, como el centro del cielo. Todos felices con su color favorito.
De todos modos, Él sabe, desde antes, el camino que debe recorrer cada uno en su paso por la vida terrestre. Y generoso concede. Negra. Pobre y negra. Desde allí surgen almas que sonríen ¡Sonríen! Son capaces de sonreír, a pesar de todo.  Y los que cantan ¡Cómo cantan! Ponen voces en las mujeres que callaron, en las que fueron esclavizadas y no llegaron a un puerto, en las que lanzaron por la borda por débiles o enfermas. Ellos y ellas, los de cubierta negra ¡Son capaces de cantar!  ¿Cómo cantan? Son capaces de  alegrar con sus voces, son capaces de emocionar. Es una forma de reparación, las almas que vistieron de negro durante su vida terrestre, tienen prioridad. Por valentía. Ellos que nacieron vestidos con cuerpo negro, tienen prioridad.
Aún no son perdonados lo que experimentaron con ellos. Aún no son perdonados quienes los engrillaron, los castigaron y los negaron. Los negaron. ¿Cómo permitieron eso? ¡Los negaron! ¿Qué clase de humanidad se niegan a sí misma? Todos partieron desde el mismo lugar. Todos comenzaron en el mismo paraíso. Ninguno tenía derecho de someter al otro por su color, sus creencias, sus costumbres. ¿Qué clase de bastardo fue capaz de idear eso? Me pregunto eso.

(Fragmento de “Protocolo de Ángeles” documento en construcción, misma autora)

domingo, 8 de octubre de 2017

La virgen de los perros (cuento)

Espera. Tengo que anotar. Son   tres corridas de  siete perlas cada una. Luego los girasoles.
Ya. Está  bien. He terminado Déjame que te  explique. Lo que estás viendo es mi dibujo de la virgen de los perros. Me he  enterado,  con mucha angustia. Si  Porque he estado angustiada. Que no existe una llamada virgen de los perros.
Y me parece  que eso es injusto para ellos. Me preocupé  de preguntar. Mi papá  siempre dice que  es mejor preguntar antes de decir algo  equivocado. Sé que muchos tienen una virgen protectora. Pero nadie me ha podido explicar por qué no existe una virgen protectora de los perros. Ellos están siempre cerca de nosotros.  Nos cuidan. Se merecen una virgen maravillosa que se ocupe de atender sus aullidos, y sus ladridos de perros.
Entonces la dibujé así, con los pies  descalzos  y  una base de siete girasoles amarillos. Me   gusta el número siete. Cuando tenía siete años mi abuela se fue al cielo  entonces ya no fue mi abuela. Fue un ángel que me cuida. También me gustan los girasoles porque son amarillos. El amarillo es mi color favorito. Mi perro es amarillo. Don Jan Karabak. Buen perro. Es también  el color favorito del profesor. Lo sé.
A la virgen le he dibujado un rostro hermoso. También tiene  una túnica celeste con bordes dorados. El profesor dice que lo pinte de  amarillo, pues es el color del  oro. No tengo lápiz de color dorado.  El  profesor tampoco tiene. Le he preguntado muchas veces.
Creo que la virgen  de los perros debe tener  en su mano un hueso  mediano. Eso  puede alegrar  a cualquier perro, por triste que esté ¿Cómo reconocería a su virgen un perro  abandonado? Por eso le dibujé un huesito. Su cabello es largo y lo pintaré  de negro, aunque sobre la cabeza tendrá un manto blanco con estrellas  doradas. Si, como las de navidad.
Entonces la virgen de los perros estará lista para navidad.  Tal vez el profesor quiera ir a mi casa en navidad, para ver que he terminado el dibujo de la virgen de los perros.  Faltan  40 días para navidad. Me gustan los números.
En navidad cenamos en familia. Yo tengo una familia. Se hacer la ensalada de papas. Quiero tener mi propia familia. Ya cumplí veintiún años. Soy una señorita y estoy  soltera. Puedo tener un novio. Una vez  casi tengo un novio. Ernesto me abrazo  y   dijo   en mi  oído  ¡Mi novia! Me asusté tanto que grité. El profesor conversó con Ernesto. Ahora solo  me mira   desde su asiento. Debe ser respetuoso con las señoritas. Mi papá me dijo  que soy especial y nadie puede decir  lo contrario.
Estoy  emocionada. El profesor es muy amable conmigo. Contesta todas  las preguntas que le hago, aunque las repita. Invitaré al  profesor para cenar en  mi casa esta navidad.   Le preguntaré si  quiere ser mi novio. Entonces la virgen de los perros estará terminada con su collar de tres vueltas, con siete perlas cada una, serán 21,  como  dice mi papá cuando habla de mí.  Espera ¿Cómo dice mi papá? ¡Ah! Ya recordé. Mi papá dice “Ella tiene trisomía del par veintiuno”  Me gusta. El veintiuno es un número de suerte.
Fin

La Chinchorra (cuento)

Awquina pasó la tarde esperando  que la jaula de junquillo  se llenara de peces. Al menos uno.  Un pez bueno.  Un gran pez. Necesitaba   sus  escamas y su piel.   Las escamas para adornar los ojos de su hermano  y la piel para atar con firmeza sus   débiles piernas.  Así podría  viajar    hacia las tierras definitivas cruzando el laberinto de la noche  eterna.  Las escamas eran su regalo.  Las escamas iluminarían su camino y su  hermano no se sentiría tan solo.  Pero la tarde avanzaba y en la jaula no había un solo pez. Tal vez debía intentar desde   los  roqueríos con el arpón. Ese era un desafío. Ella  era una tejedora. Tejía cestas, prendas para adornar el cuerpo, jaulas para peces. De vez en cuando encontraba buenas púas de cactáceas y las guardaba para su hermano  que fabricaba anzuelos y  arpones.   
Atrás había quedado el tiempo en que su hermano  nadaba  en el océano  como un enorme pez. Con sus manos grandes  y sus pies grandes avanzaba más rápido que todos en la aldea. Los grandes nadadores traían buen alimento para la comunidad.  Por eso, cuando fue la hora del  fin de sus fuerzas, entre todos prepararon  su cuerpo para el viaje.  Era la costumbre, pero el gran nadador recibiría regalos para que en la tierra definitiva, fuese valorado como era justo.
Los hombres y mujeres de la comunidad conocían las señales de  cada uno. Las señales que decían que era la hora de dejar el espacio exterior, el de la materia e iniciar el viaje interior. Un viaje solitario y misterioso.  Sabían aquello  porque era el único lugar hacia donde podrían  haber  partido. Sus cuerpos  estaban allí.  Algunas veces, habían esperado   a que volvieran. También hubo un tiempo en que buscaron con desesperación dentro de los cuerpos,  el impulso de la vida. Buscaron el camino hacia el interior.  
La comunidad había  pasado muchos períodos de luna llena reflexionando acerca del mejor modo de  favorecer el  viaje definitivo. Algunas veces  tenían la esperanza de que el viajero quisiera regresar  y  dejaban sus ojos abiertos para que entrara  la luz y ellos,  desde el fondo del ser,  al verla  sintieran alegría al saber que los  esperaban al otro lado, en  la luz.  También dejaban  la boca  en posición por si de pronto necesitaran espacio para la voz.  Decir algo,  pedir ayuda para sí mismos, cualquier cosa.
Comprendían que la vida era también parte de ese viaje. Emergían desde un cuerpo y  partían hacia el interior de sus propios cuerpos. Iban y venían. La vida y la muerte eran un solo  viaje. Un misterioso  viaje. Observaban los últimos minutos de la vida y sabían que el aire era parte de la vida y de la muerte.  Cada niño y cada niña al nacer abrían la boca para atrapar  con fuerza la primera bocanada de aire con la que  iniciaban el viaje en este lado, el lado  de la luz. La  luz, la energía  del sol,  eran parte de la fuerza de la vida.
La partida, en  cambio,  estaba marcada por la ausencia  del aire. Ya no circulaba. No había más ir y venir desde el interior y hacia el exterior y al contrario. La luz abandonaba los ojos.         Y ellos  los  cubrían de ungüentos especiales para sostener y  dar firmeza a la materia, esperando que el viajero  quisiera ocupar ese  cuerpo  una  vez más.
¾     ¡Awquina!

Era  su hermoso compañero. Ella emergió sonriente desde los roqueríos huyendo de una ola  gigantesca, pero con un gran pez   ensartado en el arpón. Podría haber dicho que el aire de su hermano la  inspiró por un instante y ella pudo atrapar el pez.

miércoles, 8 de marzo de 2017

EL ACORDEON ENAMORADO (CUENTO)

Como cada año, desde   tiempos inmemoriales, la  comunidad se preparaba para comenzar la celebración de Anata. Las tarkas elevaban su sonido por el viento y les hablaban suavemente a las nubes para que no olvidaran su tarea y dejaran caer la lluvia.
Por las   callejuelas se deslizaban  algunas desordenadas notas. Habían escapado solitarias, queriendo adelantarse a las comparsas de  jóvenes y señoritas. Ellos  de sombrero y ellas,  con sus chales de lentejuelas y faldas con muchas enaguas,   impacientes por  girar. Los músicos entrenados, sus instrumentos relucientes y contentos.   En las casas, las  mesas  daban señales de  abundancia,  y  los niños conseguían monedas para comprar harina y challa para llenar sus talegas.
Y comenzó el Carnaval. Desenterraron a don Domingo Carnavalón. Lo   desempolvaron, arreglaron su sombrero  y  lo rodearon de serpentinas. Así, con don Domingo Carnavalón adelante, músicos y bailarines daban vueltas por las calles, con sus bailes y canciones, llenando cada rincón del pueblo.
Los  dos primeros días todo transcurría como siempre había sido, entre danzas y festejos, todos celebraban. Pero  llegado el tercer  día,  nadie supo bien lo que pasó. Los bailarines  tropezaban. Los músicos se quejaban. El  acordeón se había taimado, las tarkas no sonaban, el tambor golpeaba como loco y las enaguas de lss chicas se asomaban indiscretas por debajo de las faldas de terciopelo, como queriendo enterarse de algo.  Parecía que un  mal de ojo  hubiese alcanzado a las cosas y éstas, en su alzamiento, se aprovechaban  y   hacían lo que querían.
-¿Viste ese sombrerito?
-¿Ah? No. A mí la que me tiene loco es una enagua.   Se me cruza cada vez que el tambor  rebota  como casco  de caballo. No  sé qué tiene. Ya sé, solo es una enagua. Como otras tantas que he visto. Giran extendidas  como abanicos y la  mía… digo… la que me gusta, gira más alto. Más que ninguna.
-¡Ya! ¿En serio  dobladoque?  ¡Perdón! ¿En serio, don Acordeón? ¿No será una paloma la muy coqueta y lo tiene confundido?
-No. No compadre  Tarkita. Ella es una enagua hermosa.
El Alférez  escuchó la conversación,  no por indiscreto  sino por casualidad.  ¡Nadie imaginaba que los problemas del corazón tenían descoordinado al viejo acordeón!  ¡Esa era la razón! El acordeón  se había enamorado perdidamente de la enagua de María.
-¡Hay  que armar un casamiento!  -dijo  el Alférez. Las  señoritas de la comparsa se sonrojaron. Los jóvenes  se sintieron descubiertos. Cada uno miró a su novia sintiéndose convocados. El cura estaba feliz. Cada vez que llegaba al pueblo solo le tocaban funerales.  La oveja negra en un rincón,  balaba a  carcajadas pensando que su compadre,  el cordero gordo iba a ser invitado al casorio.  Todos sacaban sus propias conclusiones. Hasta el huarisuyo miraba las nubes y en sus ojos blancos  se dibujaban unas galletas  de quinoa y chocolate, las que recibía cada vez que llegaban visitas al pueblo. -¡Seré  rico! – pensaba mientras la baba chorreaba por su barbilla y largo cuello.
-El acordeón se casará con la enagua de  María.-dijo, por fin, el Alferez.
-¿Cómo?  -Protestaron los ancianos del pueblo. – ¡Los instrumentos se casan con los instrumentos!
Las aymaras feministas también opinaron  -¿Porque le han preguntado al acordeón y no a la enagua? -Está bien -dijo el Alferez -“Señorita enagua de María, ¡Se casaría usted con el señor Acordeón?
-¡Momento! -dijo María. -La enagua es mía. Me consultan a mi primero si quiero que mi enagua se case. ¡Respeten la propiedad ajena!
El Alférez se tomó la cabeza entre las manos y sin saber  qué hacer, pensó en suspender la celebración del Carnaval, pero era complicado. Así es que llamó a los ancianos del pueblo para pedir consejo.  Luego de conversar un buen rato, sentados alrededor de don Domingo Carnavalón,  preguntaron a todos los presentes

-¿Quién se quiere casar?  María levantó la mano y el dueño del acordeón también y aunque nunca habían estado de novios, se miraron  a los ojos  un buen rato.  María se acercó dando dos giros cortos y uno largo con su enagua que giraba como un remolino. -“Uh… Uh… Uuuuuuuuuuhhhh” –sonaban las tarkas, mientras el tambor  alentaba a su futura comadre.  La enagua, como toda  enagua, se asomó poco a poco y junto con su dueña dieron el si al casorio.  Asi fue  que  el Acordeón siguió dando sus notas, feliz y afinado, el resto de  sus días con su amada Enagua de MAría. (DIBUJO : Veronica Grunewald)

viernes, 24 de febrero de 2017

EL PODER DE LAS PALABRAS

Creo que aún es tiempo. Necesito pedir perdón por las palabras oscuras que alguna vez dije. No es cosa de tener o no la razón, es que las palabras que carecen de bondad no deben salir al universo de lo dicho. No deben salir las palabras inmaduras, asustadas por alguna amenaza. O tal vez por alguna inconsistencia o malos entendidos.
Las palabras perversas siempre se encuentran al acecho. Esperando en la punta de la lengua, animadas por el ego. Esperando el momento de la incomprensión para emerger y no te das cuenta a veces, cuando ya está dicha la palabra y le pierdes la huella. Deja de ser propia.
Pasa a formar parte de las construcciones humanas, los artefactos que dejamos construidos y que nos trascienden. Van más allá de nuestra propia existencia. Salen desde nuestro ser para unirse al eterno devenir del universo rebotando una y otra vez, girando en el tiempo y el espacio. No sabemos si chocará con una minúscula polilla o tal vez, tenga la fuerza para derribar un muro. Pero esa palabra que algún día dijimos, nos representa, es producto nuestro. Aun así, ya no nos pertenece. No volveremos hacia atrás para no decirla. Las palabras que emitimos son como las ondas en el mar. Se hacen interminables. Las palabras tienen el poder de construir, tienen el poder de rearmar, re ensamblar, curar. También tienen poderes destructores, hacen daño, fracturan.
Cuando una palabra sea exigida a salir, pensemos desde dónde sacaremos la palabra. Si busco entre los recónditos pesares o busco, entre las que rondan por las huellas que han dejado la soledad y el tiempo. Serán sin duda, palabras tristes. A nadie le servirá una palabra emanada desde a tristeza. Es mejor guardarla. Y hay otras. Son las que anidan en el ego. Quieren salir por sí mismas. Entonces, tenemos que abrazar al ego. Tenemos que darle cariño. Controlar sus impulsividades y sus niñerías. Bañarlo de cariño.
¡Qué hermosos somos los seres humanos! Solo es que no sabemos usar el don de la palabra. Y hablamos para hacernos presentes muchas veces sin nada constructivo qué decir. ¡Dije tantas palabras! No sé dónde fueron a parar.

No diré más palabras absurdas o perversas. Y si encuentro alguna que sea bella, la compartiré. Palabras sanadoras, palabras fortalecedoras. Serán los artefactos que trasciendan mi existencia. Serán para compensar las que lancé al universo de lo dicho y no estaban listas. Creo en la belleza, en la armonía. Creo en la bondad. De   cualquier color. Creo. Para comunicar y que en ese acto, seamos una humanidad consciente de sus capacidades y limitaciones. Las palabras nos trascienden, entonces, digamos solo palabras buenas

viernes, 14 de octubre de 2016

Cerro Blanco (Apu Wechuraba)

Desmembrados estamos. ¿Han, olvidado  acaso que somos  hermanos?  Siguiendo  la maldición  del verdugo, estamos separando y caminado  hacia destinos diferentes ¿Acaso   gana nuestro pueblo?
!Fuera  los invitados! Fuera los   que llegan recién  y quieren plantar su bandera  en el cerro. ¿Dónde estaban cuando era nada y había  que hacer  todo?  Y buscan   la excusa.

¿Cómo  no piensan  en  la unidad?  !Se han hecho tantas  cosas!  Seguramente no todas han resultado perfectas.  Pero ¿Han hecho algo por ayudar a mejorar aquello?

En más fácil  esperar desde las  sombras. Pero no es digno.


Apoyo   a  CONACIN

jueves, 14 de julio de 2016

EL DÍA DEL PATIO DE LOS OBJETOS (8 DE JULIO DE 2016)

(escrito con motivo de la inauguración de la muestra de los cuadros de Ana Brett

De vez en cuando, solo de vez en cuando una frase que lees o una imagen que observas, te  saca  del espiral donde reptamos siguiendo el ritmo o tratando de seguirlo. Y nos reconocemos. Sabemos que no somos los únicos que nos preguntamos si  escribir bien  tiene  que ver con  seguir a los autores  o  si una buena obra, un cuadro, una pequeña animación, sin palabras, dirá mucho más en lo que calla que en  las palabras pronunciadas.  Anidamos  nuestra imaginación en una memoria de identidades cercenadas por el progresismo y la incertidumbre  y  tenemos miedo de sacar la voz o los colores propios. 
De vez  en cuando  esa voz  te dice lo que sospechabas y te vuelves sospechosa, sospechando que  no es verdad que somos pobres y tercer mundistas. ¿De qué nos sirve la historia universal si nos estamos en ella? No  la escribimos nosotros. No la escribimos, pero vean nuestros colores. Las plumas de las  aves  en el amazonas. Los tejidos de los mayas  o   de los pueblos  andinos. Cada capa de color  grita en silencio.  ¿Saben leer el silencio? ¿Saben leer los gestos? Muchas palabras     que se dicen  fracturan el  concepto. Lo que se quiso decir  quedó  encerrado en unas cuantas letras  y al arbitrio de la comprensión de la humanidad. Pero  la  humanidad  solo se comprende a sí misma. ¿Nosotros? Somos los otros. Los que  estábamos aquí. Somos los enmascarados, porque tratando de  comprendernos  nos pusieron bajo la máscara   blanca que reúne todos los colores, los uniforma.  Solo bajo  la capa de blanco nos es posible tratar de expresarnos. En su lenguaje, porque  esta lengua  no es nuestra.
De vez en cuando reconoces  una imagen, una voz,   letras  y colores que te hacen sospechar que todo lo dicho es solo una parte, una pequeña parte de  lo que es. Y aq uello que es,  se encuentra   a la espera de su tiempo, a la espera del retorno de los tiempos  anteriores. Cuando éramos nosotros y no una copia de  blanco.
Allí está. Con sus objetos y sus amigos de la infancia. Ana la que pinta, Ana la que escribe, Ana la que crea.  Llega  con sus colores, sus objetos arrinconados, llega  con sus  espejos escondidos tratando de reflejar  un tiempo,  descubriendo  que  la clave no está en la forma  sino  en la estrategia que emplea para levantar   el viejo cajón  donde se esconden los muñecos. Nos  hace danzar por el patio de los objetos, queremos quedarnos en ese lugar donde reconocemos a la niña o al niño que fuimos.  Queremos  quedarnos en el patio  de los objetos, mirar  bajo los muebles, trepar por ellos,  abrir los cajones. Nos  dan ganas de jugar ¡Es injusto que la infancia dure tan poco!  Pero tranquilos, vino Ana y dominó a los  monstruos que viven en el árbol de mango. Gracias  Ana, porque pintas, gracias  Ana, porque  no tienes  miedo.