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miércoles, 7 de enero de 2026
EL enojo del lago Chungará EL DERECHO a la vida de todas las especies
El enojo del lago Chungará
El derecho a la vida de todas las especies
Los documentos y los acuerdos políticos van y vienen. Nosotros, los habitantes del altiplano, hemos permanecido por milenios cuidando cada espacio de lo que consideramos nuestra casa. Hemos sabido vivir con respeto, para que cada uno de los seres vivos que habitan este espacio disfrute de la vida, el derecho a una vida de calidad, el derecho a disfrutar del viento, del sol, del agua y de alimentos saludables, producidos en un entorno sano y seguro.
Representamos a la vicuña, el puma, el cóndor, la tagua, la parina, el suri, la yareta, la tola, la queñoa y tantos otros a quienes consideramos nuestros hermanos. Son seres vivos, como nosotros, tienen derecho a la vida. Es nuestro deber asumir su defensa.
Convivimos a diario con amenazas que ponen en riesgo la vida. La propia y la de nuestros hermanos que no tienen voz. Las amenazas que ponen en riesgo nuestra permanencia provienen de actividades humanas que, como hemos visto, trabajan en los bordes de lo permitido.
Históricamente en nuestra región se han tomado decisiones erradas que han afectado nuestro entorno. No solo en el altiplano, donde fue desafectado parte del parque nacional, con la excusa de “tener especies sobrerrepresentadas”. Beneficio concedido a minera Ñandú quien opera, con otro nombre, a orillas del Salar de Surire, perturbando los sitios de nidificación y claro, la existencia de las parinas.
En Arica, el combate contra la malaria en los 40 contaminó para siempre los cuerpos de agua existentes con DDT un agrotóxico prohibido en la década de los 70 por ser altamente cancerígeno. En los 80 con el combate contra la mosca de la fruta se pulverizó con malathion nuestros jardines y techos, nuestros suelos y lo que quedaba de vertientes. Luego los polimetales que hasta hoy nos recuerda la fragilidad de la memoria.
En conjunto estas erradas decisiones han terminado con la vida de nuestros vecinos, personas que tenían derecho a vivir en un ambiente libre de contaminación, afectando también nuestro paisaje, la existencia del picaflor de Arica, los árboles de algodón, la pasiflora que crecía y se extendía por los techos de las casas, el granado del vecino que dejaba sus frutos en el patio de nuestra casa.
Los riesgos aumentan. Cada año, los camiones que transitan desde Bolivia con sus cargas peligrosas ponen en riesgo nuestro frágil ecosistema. Los habitantes del altiplano chileno vivimos con incertidumbre e inseguridad. Tenemos miedo. Miedo de despertar una mañana y que todo el esfuerzo de milenios cuidando y protegiendo cualesquiera de las especies únicas que habitan en ese espacio desaparezca bajo toneladas de residuos tóxicos esparcidos por los camioneros que transitan entre Bolivia y Chile o por los residuos de la minería
Queremos expresar el enojo del lago Chungará, el enojo de la laguna Cotacotani, cuerpos de agua conectados entre sí subterráneamente, según una publicación en la Revista Chilena de Geología. Queremos expresar la indignación de los habitantes sin voz del altiplano chileno. Pensamos que todo está conectado. Lo que sucede en la naturaleza puede afectar al hombre y a la mujer no solo de nuestros territorios sino de toda la región, desde las alturas al mar y no solo las coordenadas que delimitan políticamente nuestro país, sino que va más allá, trascendiendo las fronteras nos afecta a todos los seres vivos.
miércoles, 8 de marzo de 2017
EL ACORDEON ENAMORADO (CUENTO)
Como cada año, desde tiempos inmemoriales, la comunidad se preparaba para comenzar la celebración de Anata. Las tarkas elevaban su sonido por el viento y les hablaban suavemente a las nubes para que no olvidaran su tarea y dejaran caer la lluvia.
Por las callejuelas se deslizaban algunas desordenadas notas. Habían escapado solitarias, queriendo adelantarse a las comparsas de jóvenes y señoritas. Ellos de sombrero y ellas, con sus chales de lentejuelas y faldas con muchas enaguas, impacientes por girar. Los músicos entrenados, sus instrumentos relucientes y contentos. En las casas, las mesas daban señales de abundancia, y los niños conseguían monedas para comprar harina y challa para llenar sus talegas.
Y comenzó el Carnaval. Desenterraron a don Domingo Carnavalón. Lo desempolvaron, arreglaron su sombrero y lo rodearon de serpentinas. Así, con don Domingo Carnavalón adelante, músicos y bailarines daban vueltas por las calles, con sus bailes y canciones, llenando cada rincón del pueblo.
Los dos primeros días todo transcurría como siempre había sido, entre danzas y festejos, todos celebraban. Pero llegado el tercer día, nadie supo bien lo que pasó. Los bailarines tropezaban. Los músicos se quejaban. El acordeón se había taimado, las tarkas no sonaban, el tambor golpeaba como loco y las enaguas de lss chicas se asomaban indiscretas por debajo de las faldas de terciopelo, como queriendo enterarse de algo. Parecía que un mal de ojo hubiese alcanzado a las cosas y éstas, en su alzamiento, se aprovechaban y hacían lo que querían.
-¿Viste ese sombrerito?
-¿Ah? No. A mí la que me tiene loco es una enagua. Se me cruza cada vez que el tambor rebota como casco de caballo. No sé qué tiene. Ya sé, solo es una enagua. Como otras tantas que he visto. Giran extendidas como abanicos y la mía… digo… la que me gusta, gira más alto. Más que ninguna.
-¡Ya! ¿En serio dobladoque? ¡Perdón! ¿En serio, don Acordeón? ¿No será una paloma la muy coqueta y lo tiene confundido?
-No. No compadre Tarkita. Ella es una enagua hermosa.
El Alférez escuchó la conversación, no por indiscreto sino por casualidad. ¡Nadie imaginaba que los problemas del corazón tenían descoordinado al viejo acordeón! ¡Esa era la razón! El acordeón se había enamorado perdidamente de la enagua de María.
-¡Hay que armar un casamiento! -dijo el Alférez. Las señoritas de la comparsa se sonrojaron. Los jóvenes se sintieron descubiertos. Cada uno miró a su novia sintiéndose convocados. El cura estaba feliz. Cada vez que llegaba al pueblo solo le tocaban funerales. La oveja negra en un rincón, balaba a carcajadas pensando que su compadre, el cordero gordo iba a ser invitado al casorio. Todos sacaban sus propias conclusiones. Hasta el huarisuyo miraba las nubes y en sus ojos blancos se dibujaban unas galletas de quinoa y chocolate, las que recibía cada vez que llegaban visitas al pueblo. -¡Seré rico! – pensaba mientras la baba chorreaba por su barbilla y largo cuello.
-El acordeón se casará con la enagua de María.-dijo, por fin, el Alferez.
-¿Cómo? -Protestaron los ancianos del pueblo. – ¡Los instrumentos se casan con los instrumentos!
Las aymaras feministas también opinaron -¿Porque le han preguntado al acordeón y no a la enagua? -Está bien -dijo el Alferez -“Señorita enagua de María, ¡Se casaría usted con el señor Acordeón?
-¡Momento! -dijo María. -La enagua es mía. Me consultan a mi primero si quiero que mi enagua se case. ¡Respeten la propiedad ajena!
El Alférez se tomó la cabeza entre las manos y sin saber qué hacer, pensó en suspender la celebración del Carnaval, pero era complicado. Así es que llamó a los ancianos del pueblo para pedir consejo. Luego de conversar un buen rato, sentados alrededor de don Domingo Carnavalón, preguntaron a todos los presentes
-¿Quién se quiere casar? María levantó la mano y el dueño del acordeón también y aunque nunca habían estado de novios, se miraron a los ojos un buen rato. María se acercó dando dos giros cortos y uno largo con su enagua que giraba como un remolino. -“Uh… Uh… Uuuuuuuuuuhhhh” –sonaban las tarkas, mientras el tambor alentaba a su futura comadre. La enagua, como toda enagua, se asomó poco a poco y junto con su dueña dieron el si al casorio. Asi fue que el Acordeón siguió dando sus notas, feliz y afinado, el resto de sus días con su amada Enagua de MAría. (DIBUJO : Veronica Grunewald)
viernes, 14 de octubre de 2016
Cerro Blanco (Apu Wechuraba)
Desmembrados estamos. ¿Han, olvidado acaso que somos hermanos? Siguiendo la maldición del verdugo, estamos separando y caminado hacia destinos diferentes ¿Acaso gana nuestro pueblo?
!Fuera los invitados! Fuera los que llegan recién y quieren plantar su bandera en el cerro. ¿Dónde estaban cuando era nada y había que hacer todo? Y buscan la excusa.
¿Cómo no piensan en la unidad? !Se han hecho tantas cosas! Seguramente no todas han resultado perfectas. Pero ¿Han hecho algo por ayudar a mejorar aquello?
En más fácil esperar desde las sombras. Pero no es digno.
Apoyo a CONACIN
!Fuera los invitados! Fuera los que llegan recién y quieren plantar su bandera en el cerro. ¿Dónde estaban cuando era nada y había que hacer todo? Y buscan la excusa.
¿Cómo no piensan en la unidad? !Se han hecho tantas cosas! Seguramente no todas han resultado perfectas. Pero ¿Han hecho algo por ayudar a mejorar aquello?
En más fácil esperar desde las sombras. Pero no es digno.
Apoyo a CONACIN
viernes, 15 de mayo de 2015
Confesiones 3
Vamos, se hace tarde.
De pálidas caricias se muere una poco a poco.
Se va la vida entre amores
a medias,
Medios sentidos, a medias la entrega.
Vamos, que estos minutos
que quedan
Nos den el sentido del
viaje y que al partir,
Alguien escriba versos de
amor sobre nosotros.
Vamos, a terminar contigo,
a terminar conmigo,
Vamos a hacer un intenso
nosotros,
Que para palideces, ya
está cansado el tiempo
Palabras de la Indígena
Alumna:
Soy aymara
Profesor:
Pero ¿Hablas aymara?
Alumna:
No profesor. Mi madre no lo aprendió de
su madre, ella no les enseñó a sus hijos
por temor a los castigos que recibían
quienes hablaban otra lengua distinta del castellano. Fue parte del
proceso de chilenización del territorio aymara.
Profesor:
Y entonces ¿Cómo piensan? Debe ser
difícil pensar en una lengua que no es propia
Cierto profesor.
Mi lenguaje indio no manejo. Pero mi
lenguaje indio no es solo una tonelada de palabras sin sentido. La lengua de
mis ancestros tiene códigos de
geometría, formas que usted, que no
dejará que termine mi doctorado, nunca,
nunca comprenderá. Una lengua que
trasciende los siglos, donde no existen equivalentes para tantas palabras
bélicas que abundan en la la suya. En la mía, el silencio, profesor... el
silencio también habla.
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