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sábado, 24 de enero de 2026
LA OSCURA QUIETUD
Te he visto rondando mis horas, dando vueltas por las ventanas de mi casa y mirar hacia dentro convencida que no te veré. Te he visto muy quieta detrás de la puerta de calle esperando a que salga para absorber mi perfume, desear mi aliento y llevarme contigo hacia la oscuridad más allá de los frágiles misterios de la humanidad. Siempre cerca, a veces demasiado, casi tocando mis manos, casi cogiendo mis pies, casi atando mis tobillos y arrastrándome por los aires, tan cerca que estoy a un suspiro de la salida y de la entrada o la entrada y la salida, si acaso importa, si es lo mismo, un momento estoy y al siguiente no estoy. No sabes que tantas veces he entrado y he salido que conozco de memoria tus pasos y conozco de memoria el camino que si quisiera podría ir hacia ti y por una vez en millones de años, serías tú la sorprendida.
La reconozco desde hace tiempo, cree ella que se confunde entre la gente, entre las malas noticias, entre la violencia de los que me hablan, entre la envidia y el rencor. La distingo desde lejos, la dejo seguirme, la dejo mirar mis pies lentos, y la dejo soñar con detenerlos.
La dejo seguirme y acercarse tanto que dejo de respirar para confundirla, entonces ella cree que la sigo y vuelo atravesando calles, montañas y nubes llegando otra vez a la nada. La he seguido y ella me espera. Yo también la espero, con el equipaje justo preparado. Pero no es tiempo, por ahora yo juego con ella, mientras que ella en su inocencia no se explica cómo entro y salgo por su puerta. Pero aún no es tiempo, yo se que no es tiempo, aunque tenga listo el equipaje de partida, que es el mismo equipaje de llegada.
Alguna vez dejará de ser un juego y decidida vendrá por mi ventana y entrará para atar mis tobillos, quitarme el respiro y sin despedidas atravesaré los tiempos, las horas vividas, los rostros amados y tu cielo estrellado. Navegaré por canales hacia el océano donde en fabulosas alas me elevaré hasta encontrarte y abrazarte en un abrazo que durará un eterno segundo. Mientras en la humana vacuidad habrá lágrimas y rosas, una y otra vez, incienso y cirios encendidos, como si importara al cuerpo helado el aroma de las flores o la calidez del abrazo a través de la ventana del cajón.
Los abrazos esperados no llegaron y ahora llueven en la partida, ¿no es acaso extraño también que haya lamentos por la ausencia si nunca estuvieron cerca para abrazar mi existencia? Es la paradoja de los sentimientos humanos. Y las rosas y geranios esparcidos sobre la tierra son un desperdicio de colores. ¡Apártenlos! Que no estoy para disfrutar el colorido ni el aroma suave de las flores.
En algún lugar está la niña que fui y tenía hambre, la que fui y estaba sola y asustada. Si la ven, tomen su mano, abrácenla para que no vuelva a vivir con miedo ¡y que las flores adornen sus cabellos! Mientras tanto, abrazados tú y yo veremos como la historia puede tener un final feliz, entonces Señor mío, sonreiré por fin.
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